Isolde
Isolde
psícologa en Ruzafa
Ayuda Psicológica
Broseta
“Cuando las dificultades emocionales afectan a tu vida”
Hoy en día son cada vez más frecuentes los casos en que las personas se ven superadas por sus circunstancias y sienten que no cuentan con los recursos necesarios para poder salir adelante con la situación que les ha tocado vivir.
Centrada en ti
Centrada en acompañarte en tu camino
autoestima y
autoconcepto
La autoestima es la forma en que una persona se valora a sí misma. Tiene que ver con cuánto se aprecia, se respeta y confía en sus propias capacidades. Una autoestima saludable no significa sentirse perfecto, sino poder reconocerse con virtudes y también con aspectos a mejorar, sin perder el respeto hacia uno mismo.
El autoconcepto, en cambio, se refiere a la idea que cada persona tiene sobre quién es. Incluye las creencias y percepciones sobre nuestras cualidades, habilidades, personalidad, valores y roles en la vida.
Ambos conceptos están muy relacionados. El autoconcepto tiene que ver con cómo me describo, mientras que la autoestima se relaciona con cómo me siento con respecto a esa imagen de mí mismo/a.
Por eso, trabajar en conocerse mejor y desarrollar una visión más realista y compasiva de uno mismo puede contribuir a fortalecer la autoestima.
Ambos aspectos se va desarrollando desde la infancia a través de las interacciones con el entorno teniendo una capital importancia el trato que se recibe de las figuras de apego primarias. En terapia se puede trabajar para conocer, favorecer y reparar estos procesos, ayudando a la persona a identificar las creencias que ha construido sobre sí misma, comprender de dónde proceden y cómo influyen en su manera de percibirse y relacionarsemcon el mundo. A partir de ahí, el proceso terapéutico busca promover una mirada más realista, compasiva y flexible hacia uno mismo, facilitando la reconstrucción de un autoconcepto más integrado y el fortalecimiento de una autoestima más estable y ajustada.
Intervención
Psicológica
Si crees que necesitas apoyo, o conoces a alguien que pueda necesitarlo, mi labor profesional va dirigida a ayudarte a encontrar el equilibrio y recuperar el bienestar.
Intervengo especialmente en:

pérdida significativa, como la muerte de un ser querido, una separación o un
cambio importante en la vida.
Cada persona vive el duelo de manera diferente y a su propio ritmo. Puede
implicar emociones como tristeza, enfado, culpa, confusión o sensación de
vacío. Con el tiempo, este proceso permite integrar la pérdida y adaptarse a
una nueva etapa de la vida.
Buscar apoyo y permitirse sentir lo que aparece durante este proceso suele
ser una parte importante para poder elaborarlo de forma saludable.

relación pueden hablar de sus dificultades en un entorno seguro y guiado. El
objetivo es comprender mejor lo que está ocurriendo en la relación y
encontrar nuevas formas de comunicarse y relacionarse.
A través del proceso terapéutico, la pareja puede trabajar aspectos como la
comunicación, la gestión de conflictos, la confianza o la conexión emocional.
Esto puede ayudar tanto a fortalecer la relación como a tomar decisiones de
manera más consciente y respetuosa.
La terapia de pareja desde el enfoque PACT (Psychobiological Approach to Couple Therapy) en el que estoy especializada, se centra en comprender cómo cada miembro de la pareja responde al estrés, a las emociones y a la relación con el otro.
Parte de la idea de que las relaciones de pareja funcionan como un sistema en el que ambos influyen mutuamente. En la terapia desde este enfoque se trabaja especialmente en mejorar la seguridad dentro de la relación, la comunicación y la capacidad de la pareja para apoyarse y regularse mutuamente.
El objetivo es ayudar a la pareja a desarrollar una relación más consciente, segura y colaborativa frente a las dificultades.

Estos trastornos pueden interferir en la vida diaria, en el trabajo, en las relaciones y en la capacidad para disfrutar de actividades cotidianas.
La intervención terapéutica y, cuando es necesario, el acompañamiento médico, ayudan a comprender, regular y estabilizar el estado emocional, favoreciendo un mayor bienestar y calidad de vida.

Pueden manifestarse con sensaciones físicos mas o menos intensas como palpitaciones, hiperventilación, tensión muscular, dificultad para dormir o sensación de inquietud constante.
Estos trastornos no solo generan malestar emocional, sino que también pueden limitar la realización de actividades cotidianas y la interacción con los demás.
La terapia psicológica ayuda a comprender los patrones de ansiedad, aprender estrategias para manejarlos y recuperar mayor tranquilidad, seguridad y bienestar en la vida diaria.

Estos patrones suelen ser inflexibles y pueden causar conflictos, malestar personal o problemas en distintos ámbitos de la vida.
La intervención terapéutica ayuda a comprender estos patrones, desarrollar nuevas formas de relacionarse y regular emociones, promoviendo relaciones más saludables y un mayor bienestar personal.

A veces, las experiencias traumáticas pueden seguir influyendo en cómo una persona se siente, piensa o se relaciona con los demás, incluso tiempo después de que hayan ocurrido.
El trabajo terapéutico permite comprender cómo estas experiencias han afectado a la persona y favorece un proceso de integración que ayuda a recuperar mayor seguridad, bienestar y equilibrio emocional.
El trauma complejo se refiere al impacto psicológico que puede producir la exposición prolongada o repetida a experiencias difíciles o dañinas, especialmente cuando ocurren en contextos relacionales importantes, como en la infancia o en vínculos cercanos.
Este tipo de experiencias pueden influir en la forma en que una persona se percibe a sí misma, gestiona sus emociones y se relaciona con los demás. A veces se manifiesta en dificultades en la regulación emocional, en la autoestima o en las relaciones.
El proceso terapéutico puede ayudar a comprender estas experiencias, desarrollar recursos para gestionar las emociones y construir formas más seguras y saludables de relacionarse con uno mismo y con los demás.

Suelen tener su origen en las primeras experiencias de relación y cuidado durante la infancia. Estas dificultades pueden manifestarse en la vida adulta a través de miedo al abandono, dificultad para confiar, necesidad excesiva de cercanía o, por el contrario, tendencia a evitar la intimidad emocional.
A través del proceso terapéutico es posible comprender mejor estos patrones relacionales y desarrollar formas más seguras y satisfactorias de vincularse con los demás y con uno mismo.